sábado, 21 de marzo de 2009

Mi entorno y mis vivencias familiares





En este primer apartado no es mi interés realizar una biografía personal o familiar, sino reseñar cuales son las vivencias que más me han condicionado políticamente, que creo que es lo que más puede tener interés para este blog.

Últimamente está muy en boga hablar de la Guerra Civil o a la Posguerra. Por suerte a mi familia la Guerra Civil les cogió bastante bien; a unos les pilló ya mayores y otros muy niños o no habían nacido, con lo que la guerra se circunscribe a una serie de anécdotas familiares. Una de ellas explica por qué mi padre, nacido en Vilanova i la Geltrú, se vino a vivir a Mataró con siete años, después de que los nacionales bombardearan la eléctrica donde trabajaba mi abuelo.

De todas las influencias que he tenido, creo que la más importante y la que más me ha condicionado políticamente es el haber vivido en una familia y en un barrio catalán. Muchas veces cuando comento cualquier tema, cualquier enfoque sobre un asunto noto claramente que hay planteamientos que son difícilmente comprensibles porque en especial en mi partido lo mayoritario son personas que o bien no han nacido en Cataluña, o bien han nacido aquí pero han crecido en una familia cuyo origen está en otras regiones de España.

Pongo un ejemplo: Un comentario muy habitual últimamente es asociar delincuencia con inmigración. Hace pocos días un amigo y simpatizante me comentaba con bastante ingenuidad cómo si me fijaba cada vez que se sabe de algún delito por los medios de comunicación detrás hay un inmigrante, y que si estos no estuvieran aquí viviríamos en un oasis de paz social. ¿Qué le contesté yo? Que ese mismo razonamiento lo he estado padeciendo veinte años de mi vida. Mi padre se ha pasado toda la vida, desde que tengo uso de razón, señalando los apellidos de los delincuentes cada vez que por televisión o radio salía un hecho delictivo en Cataluña. Siempre se fijaba que los apellidos eran Cuenca, Martínez, Gutiérrez, González, Expósito, etc. y acababa comentando: “ fixa‘t si no fos per aquesta merda de xarnegos que bé viviriem” o algo más radical: “no hi ha castellà bo”… y otras lindezas por el estilo. Cuando le hice este comentario a mi amigo no pudo menos que verse en el espejo, aunque sea mentalmente, y por lo menos dudar de sus creencias para apostillarle con una frase hecha, muy típica del discurso marxista, aunque sea extraño que utilice ese imaginario: ‘la cadena se rompe por el eslabón más débil‘.

Otro ejemplo, también muy actual, es lo difícil que es tener una perspectiva adecuada de Cataluña, por ejemplo asociar nacionalismo a un efecto de la política nacionalista después de la dictadura, cómo si antes no existiera, o asociar nacionalismo con la izquierda. Cuando el catalanismo excluyente en el que vivimos es algo mucho más transversal sociológicamente, y que tiene que ver más con una forma de fundamentalismo casi religioso, que con unas opciones políticas. Un ejemplo familiar muy significativo: recuerdo una comida de las muchas que organizaba un tío mío, una comida que casi siempre incluía langosta comprada ritualmente en la Boqueria (así que no precisamente era una comida de proletarios, ni de gente de izquierdas) en la que casi se llegó a las manos porque mi tío le dijo a mi tía que descorchara una botella de cava cuando salió por la tele la noticia de que ETA había asesinado a alguien (no me acuerdo de quién, algún guardia civil o militar).

Mi padre siempre ha sido muy catalanista pero, por suerte, no simpatizaba con ningún otro irredentismo. A excepción de los catalanes (“la gent com cal”) y de los franceses, nadie se salvaba de la quema, ni vascos, ni gallegos y menos aún “els castellans", que según su geografía particular son los que viven entre Machichaco, en Asturias, y Punta de Tarifa. Debo decir que gracias a esas posiciones poco politizadas no tuvo que tragarse el sapo que fue para toda esta gente el atentado del diecinueve de junio del ochenta y siete.

Poca gente es tan consciente de la enorme fuerza movilizadora que tiene el discurso del miedo que pregonan las fuerzas nacionalistas-soberanistas. Cuando pregonan el fin del catalán, cuando pregonan que no se habla en catalán, que el catalán está acabado, o que está amenazado, estos discursos automáticamente crean una adhesión total, irracional e incondicional. Ya pueden ser unas fuerzas políticas nepotistas, ineficaces, despilfarradoras, corruptas y que están en íntima contradicción con los valores que han hecho de Cataluña la región más prospera de España. Todo se les perdona, todo se obvia. De alguna manera una parte de la población del Principado está secuestrada emocionalmente por el nacionalismo-soberanismo, con dos mentiras principales: una ya la he mencionado y la otra es vincular la pervivencia del catalán y la consecución de una sociedad monolingüe a la consecución de un Estado propio. Mentiras ambas, porque el catalán como lengua tiene una salud envidiable, y si no fuera porque en un mapa etnolingüístico el catalán está encajado entre el francés y el castellano, dos de las grandes lenguas del mundo, y lo estuviera por ejemplo flanqueado por el letón, el estonio, o el maltés, otra percepción habría. La segunda mentira, es querer negar la realidad, el día después de la independencia todo seguiría igual, salvo que se impusiera un régimen dictatorial.

Mi casa no era precisamente el lugar donde estaba más a gusto. Aunque mi familia gozaba de una buena situación económica, mi padre regentaba un taller de automóviles, mi infancia fue sórdida, a veces hago el chiste de que “L’Auca del seynor Esteve” no es una caricatura, que es real y que yo viví en ella. La relación con mi padre no era buena pero ahora, con el paso de los años, los dos hemos asumido que no me puede cambiar a mí, pero también he comprendido que las personas no son tan libres como pensamos, que las emociones inculcadas desde el albor de la vida, la concepción del mundo, la cultura en la que te han sumergido, las filias y las fobias con las que te han amamantado, te condicionan para lo bueno y para lo malo el resto de tu vida, y a veces todo ello se transforma en un lastre que arruina relaciones, sentimientos, etc. De esta vivencia personal he sacado como consecuencia mi adhesión a una concepción multicultural de la sociedad, idea bastante herética en mi partido pero que yo creo que igual que se asume la sociedad multirracial, porque se da por sentado que no se puede cambiar de raza, igualmente se debería asumir que la cultura no es tan versátil como algunos creen y que pudiera ser que es tan difícil cambiar de referencias culturales, de identidad como cambiar la melanina en la piel.

Retomando el hilo de la exposición, como en casa no estaba muy a gusto he vivido mucho con mi abuela y con una tía soltera que vivió con ella hasta que se murió. Mi abuela tenía muchos otros nietos, pero sentía un grandísimo afecto nada disimulado por mí. Era una mujer muy inteligente, radicalmente de derechas, que enviudó joven, con cinco hijos pequeños. Aunque casada con un esposo de familia militar de alto grado (mi bisabuelo era general) por una serie de malas inversiones se encontró sin recursos y se puso a trabajar inmediatamente en una de las organizaciones del Movimiento: Auxilio Social, hasta que a finales de los años cincuenta, con el proceso de desfalangización del régimen, se cerraron muchas de sus organizaciones y se quedó sin trabajo. Fue entonces cuando decidió venir a Cataluña con sus hijas pequeñas (entre ellas, mi madre). Mi abuela y mi tía hacían una pareja entrañable. Mi abuela era muy autoritaria, todo el mundo excepto yo la trataba de usted, pero conmigo siempre fue muy cariñosa. Teníamos una enorme complicidad. Mi madre me contó que antes de morir, en un momento de desvarío preguntó primero por su “niño pequeño” (yo) y después por su madre. Mi abuela y mi tía ejercieron una gran influencia sobre mí. Desde pequeño me llevaban a museos, a eventos culturales, y al volver a casa me esperaba una exquisita comida preparada por mi abuela con alguna delicatesen. De ellas obtuve mi fascinación por la cultura, la pintura y las antigüedades, y un amor por las cosas de calidad. Según su filosofía: “aunque no seas rico puedes acceder a cualquier lujo, si lo buscas en una pequeña medida y sabes priorizar en la vida”. Decían que la ropa barata y de moda era para ricos y que los pobres teníamos que comprar la ropa cara y clásica…eran entrañables.

La tercera persona que más me ha influido, y no porque sea menos que las otras dos que ya he citado es mi madre. Es una persona muy distinta a su madre y su hermana, radicalmente conservadoras. Mi madre siempre ha sido rebelde, una inconformista. Entre su carácter y su formación en un Valladolid de la posguerra, donde bebía de consignas emanadas directamente de los antiguos camisas viejas, de los fundadores de la Jons, de aquellos que en plena República asumieron un compromiso social creando cooperativas agrarias y que siempre mantuvieron un compromiso social y de recuperación regionalista; y por otra parte de muchas organizaciones de base católicas de indudable compromiso social, se forjó una persona comprometida con España y la justicia social, poco amante de los privilegiados y ante todo rebelde contra cualquier injusticia. En pleno franquismo, en una época en la que todo el mundo callaba, la había visto enfrentarse con funcionarios porque estaban actuando incorrectamente, o porque no se daba respuesta a una injusticia o una necesidad. Ella se alineaba en lo que podíamos llamar la izquierda del régimen, simpatizaba con Licinio de La Fuente, y durante su estancia en Mataró colaboraba con la parroquia dando catequesis a los niños. Siempre ayudaba a los más desfavorecidos, y a los que no sabían reivindicar sus derechos.

De mi madre he sacado mi hondo españolismo. Un españolismo que ella siempre ha rechazado cuando ha sido “facha” porque aunque la acepción más conocida de “facha” es fascista, mi madre traduce “facha” por “fatuo, estúpido, arrogante”. Para ella, la canción “Mi querida España” www.youtube.com/watch?v=qOPaLLpoFzk de Cecilia no era una canción, era decálogo ideológico. En ese mismo sentido, “Don Roque” era el exponente del catolicismo sencillo, cercano, cálido y comprensivo lejano del espíritu inquisitorial, más amante de los santos que de los dogmas.
Con una vida azarosa, llena de equivocaciones y de cambios, mi madre siempre me ha educado en la valentía para afrontar el futuro, el inconformismo con la injusticia y la necesidad de rebelarse ante la infelicidad. Me inculcó que luchar por felicidad es una obligación en la vida y que, aunque las cosas se pongan mal, a la mañana siguiente volverá a salir el sol. Su estancia en Cataluña fue una época penosa en su vida, de la que extrajo un importante saber: el amor por el trabajo autónomo, por los negocios, lo poco que los años de matrimonio con mi padre le influyeron en su vida. Un mes de enero del año setenta y seis cogió un autobús y se fue a montar una peluquería en Valladolid, contra la opinión de mi abuela y mi tía. No tomó la decisión de separarse, pero sí la del “ahí te quedas”. La vida le deparó lucha y privaciones, pero al final consiguió rehacer su vida y conseguir su pequeño camino hacia la felicidad.
NOTA Esta entrada en mi blog se realizó el 21 de marzo del año 2009, en aquel momento militaba en el Partido Popular, cuando me refiero a mi partido me refiero al Partido Popular, he preferido porque considero más auténtica no cambiar esta entrada, aunque como se puede comprobar ahora ya no milito en el Partido Popular sino que estoy en Ciutadans, y la verdad esas faltas de sintonmía a las que me refiero en este artículo no se dan en mi actual militancia, Ciudadanos es un partido más abierto, plural y donde es más facil sentirse integrado en una rica diversidad.

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