sábado 21 de marzo de 2009

Mi trayectoria política

Mi implicación en política fue muy precoz, lo cual no tiene un gran mérito porqué fui uno más de mi generación, y nos tocó vivir un momento de tal ebullición social y política que era difícil mantenerse al margen.

Los primeros contactos con la política sucedieron literalmente paseando. Éramos un grupo de amigos que paseábamos por la Riera, a lo mejor también por tener inquietudes sociales y culturales, que contactamos con gente del PSUC. Era curioso, visto en perspectiva, que aún no había muerto Franco y la calle, los bares y “ el canaletas” estaba lleno de comunistas, mejor dicho de militantes y simpatizantes del “PSUC, CCOO y la Juventud Comunista”, de forma absolutamente hegemónica. Fue inmediatamente después, ya muerto el general Franco y iniciándose la transición, como esa hegemonía se iba perdiendo, principalmente por disgregación o porqué emergían otras organizaciones: PTE, ORT, PSAN, ADJ…creo que podría llenar la página de siglas de partidos políticos que aparecían. Nosotros, con quince años, ramblenado (Riera arriba y Riera abajo), íbamos tomando conciencia de la realidad social, política y cultural que vivíamos.

En ese momento estaba muy interesado en las ciencias y la paleontología, supongo que por una cuestión generacional, fuimos testigos del mayor acontecimiento histórico y científico, por lo menos de los últimos quinientos años: la llegada del hombre a la luna. Personalmente creo, que dentro de tres mil, veinticuatro mil, ciento setenta mil años, se referirán a ese momento como el inicio de la expansión de la humanidad por las estrellas, y en cualquier libro de historia saldrá como una fecha clave. Fue entonces cuando empecé a interesarme de forma apasionada por las ciencias sociales, la filosofía y por la literatura. Fue una época en la que devoré toda clase de obras, y autores de lo más dispares.

Un amigo y compañero de mi grupo tenía alguna relación con un pequeño dirigente local de la juventud comunista y nos traía propaganda, principalmente publicaciones como Mundo Obrero, y cosas parecidas. Pero esta luna de miel con los comunistas duró poco. Después de una visita a una supuesta comuna de la calle Barcelona, que sinceramente parecía más un “picadero” de niños ricos, acabé descubriendo que mis principios e ideas no encajaban nada bien en la izquierda filosófica. Pero no fue ese el momento en que pasé a ser un activo militante anticomunista y antiseparatista. Después de asistir, no sé ni cómo ni por qué, a una reunión del I Congreso de Cultura Catalana, pensé que la que nos venía encima era como el franquismo, pero al revés, y no me gustó nada. Así que con diecisiete años iniciaba mi militancia en Falange de la Jons.

En aquel momento habían varios grupos de nostálgicos, pero personalmente no compartía su enfoque de la situación. En mi modesta opinión estaban absolutamente colgados. Muchos de ellos desconocían el régimen que reivindicaban. Era ese mismo régimen el que había dado la espalda a las ideologías que lo habían encumbrado, fue la desfalangización del régimen, un régimen que alababa el pensamiento de Gonzalo Fernández De la Mora:“ El Crepúsculo de las Ideología”, y que utilizaba como fuente de su legitimidad, la valía profesional de sus máximos dirigentes, un gobierno de reputados tecnócratas, y la prosperidad económica que a partir del plan de estabilización del cincuenta y nueve se vivía en España. Francisco Franco fue un hombre ayudado por el destino hasta el punto que murió en el momento justo, el momento en que el país, con una gran dependencia energética del exterior, entraba en una crisis profunda.

Falange cubría lo que en ese momento consideraba que eran mis anhelos de justicia social, compromiso con el pueblo, defensa de España, y oposición a los comunistas y separatistas. Sé que muchos me objetarán que es un grupo totalitario, y no lo puedo negar pero con diecisiete años, con el ardor que da la juventud, es muy fácil olvidarse de los medios y sólo fijarse en los fines. También entiendo que a algunos que lean esta historia les resultará incomprensible desde el punto de vista actual, pero en mil novecientos setenta y siete el comunismo se había comido toda la Europa del Este, gran parte de África, incluyendo las ex colonias Portuguesas que se habían independizado desde hacía poco, había caído el Sureste Asiático, y se estaba librando una desoladora guerra civil en toda Ibero América, desde Méjico al Cabo de Hornos, de tipo insurreccional.

En aquel momento muchos consideraban inevitable el triunfo del comunismo, una ideología que tiene en su haber a los mayores genocidas de la historia. En términos absolutos podemos citar a Josef Stalin, con más de veinte millones de rusos asesinados, y en términos relativos, Pol Pot, con un veinticinco por ciento de la población de Camboya, su país, masacrada… lo que se dice: unos angelitos…

De todas maneras aunque no compartía las tesis de los grupos nostálgicos, como Fuerza Nueva, me llevaba bien con ellos. Incluso estuve en Madrid, con mis primos militantes de Fuerza Nueva, en la sede central en Claudio Coello, un dieciocho de Julio y tuve la oportunidad de saludar en persona a Giorgio Almirante. Fueron años de mucha actividad política y conseguimos un número nada desdeñable de militantes, muchos jóvenes como yo en aquél entonces. Una mezcla de revolución pendiente años treinta con toques neofascistas, muy en boga en Europa en aquellos años.

Por aquella época conocí a un chaval, que también era compañero de estudios de Valldemía pero que no lo recordaba del colegio, a través del grupo de amigos con los que iba. Era un chico fascinante y con una memoria prodigiosa, capaz de estudiar cuarto y quinto de derecho a la vez, y que para ejercitarse se memorizaba la guía telefónica. Una vez le empezó a recitar de memoria los Principios Generales del Movimiento a un militante del PSUC… ni que decir tiene que el comunista se quedó espantado de aquel que seguro que creería que estaba loco. Y en este grupo de amigos había uno, muy reservado, con el que un día hablando de ideales políticos me dijo que era “liberal”. En aquella época había toda clase de militancias, algunas muy exóticas como los seguidores de Mario Luís Rodríguez Cobo “Silo”, pero “liberal” no conocía a nadie, me sonaba a algo del siglo XIX. Este personaje tan “sui géneris” era Paulí Mojedano. En aquellos años coincidimos alguna vez, no muchas. Una vez me comentó que le hizo gracia ver como un chico, en las elecciones del 78, iba solo, con un fajo de carteles y un cubo de cola, colgando propaganda electoral de Falange…esa persona era yo. Él por su parte había hecho lo mismo con AP. No hace tanto, en las pasadas Elecciones Municipales de 2007, cuando colgábamos los carteles electorales le dije: “llevamos treinta años colgando carteles”.

Ni que decir tengo que durante esos años de militancia política en Falange no me sucedió nunca nada, aunque estaba amenazado de muerte por varias personas de distintos grupos políticos (aunque tengo que decir que tenía muchos amigos en la izquierda, en especial en el movimiento libertario). Por suerte nunca llegó el agua al río y en la actualidad me saludo con algunas de ellas sin mayores rencores.

Y así pasamos aquellos años de juventud. Los procesos políticos nos dirigían a grandes partidos, muy similares a los arcos electorales de otros países, y las formas políticas “sui géneris” quedaban marginadas. Junto a esta crisis política se juntó una crisis personal muy aguda, esos momentos en la vida que en la juventud se da de forma especial, de no estar conforme con el camino que le has dado a tu vida pero no sabes qué rumbo tomar. En medio de esa crisis personal, sucedió el intento de golpe de estado del 23-F. Yo acababa de comer (llegaba tarde de la Universidad), y estando todavía en la mesa vi aquel espectáculo y lo primero que pensé: fue: “la madre que le parió. ¡Qué está haciendo!”. Llamé a un amigo y nos fuimos a dar una “vuelta turística” para ver cómo actuaba la gente.

Desde el principio consideré el intento de golpe de Estado nefasto políticamente y chapucero desde el punto de vista militar. Curiosamente eran los de izquierda los más crédulos con la peligrosidad del golpe. Entre las anécdotas de aquel día me acuerdo de un militante conocido del PSUC, que se hizo famoso tiempo después porque abandonó dicho partido y fue uno de los más conocidos a nivel local del FAGC (“Front d’Alliberament Gay”), que llegó asustado a unos corrillos que estaban delante del Ayuntamiento diciendo que iban a salir los fascistas con pistolas. Mi amigo y yo nos miramos con sonrisa mal disimulada y pensé ¿qué fascistas?. ¿Los cincuentones y sesentones del Rierot? (que era donde se reunían los miembros de FN en aquel entonces)… ni se atreverían. Debían estar brindando para que algún iluminado les devolviera a no sé que otro periodo de la historia.

Pocos meses después, coincidiendo que en el sorteo del Servicio Militar me había tocado en Madrid, donde vivían mi abuela y mi tía, y dada mi situación personal descrita anteriormente, renuncié a mi prórroga y me fui ha hacer el servicio militar como una forma de tomar distancia y ver qué camino tomar, incluida la idea de quedarme en Madrid.

Mi estancia en Madrid, fue muy tranquila políticamente hablando, no sólo porque legalmente no podía involucrarme durante el Servicio Militar, sino porque tampoco me apetecía. Durante mi estancia en el Ejército, además de la multitud de anécdotas que los hombres nos empeñamos en contar a la menor oportunidad que tenemos, políticamente lo más destacable es que fui elegido al azar, junto a otro chaval valenciano con el que parecía que tenía bastantes afinidades ideológicas, para quemar los archivos de la División Acorazada Brunete. Y tuvimos trabajo…estuvimos tres días quemando archivos. El triunfo de la izquierda era inminente y nadie estaba seguro de lo que podía pasar. Y ante la duda y ante la cantidad de información que afectaba a montones de personas anónimas de toda la geografía de España, que todavía podían estar vivas, me imagino tomaron la decisión de quemar los archivos.

Allí en Madrid, en aquel momento se vivía un fenómeno cultural y social que luego sería muy famoso: “la movida”. Me acuerdo de Rockola, y porque no decirlo las broncas entre los punks-roqueros y los mods-poperos. Los primeros especialmente izquierdistas y vestigios de los años setenta; y los otros, no comprometidos políticamente, pasotas, y que tan solo querían pasárselo bien y que defendían por encima de todo la tolerancia desde un punto de vista ideológico. Por ello entre estos últimos había un aluvión de gays. Desde un principio me resultó muy simpático este movimiento tecno-pop, y a partir de aquí, yo que no había sido especialmente seguidor de la música, ni de las discotecas, a mis veintidós años, me volví un fan de ese mundo y esa forma de ocio.

De todas aquellas vivencias hay una especial. Duró tan solo cinco minutos pero para mi marcó un antes y un después. Hay veces el la vida que uno tiene multitud de ideas, tiene el sentido de éstas, pero le falta la formulación verbal. Era un día, en un taxi, yendo al cuartel. Eran la seis de la mañana y por la radio, creo que en Radio Nacional de España, se emitía un programa súper corto cuyo título era: “Diálogos desde la fe”. Yendo en aquel taxi escuché a un sacerdote, no me acuerdo de las palabras concretas, que decía que la juventud se pasa pronto, que los sueños y anhelos se desvanecen, y al final la vida sólo tiene sentido desde la Fe. Eran las palabras justas en el momento oportuno.

Aunque estuve estudiando la posibilidad de abrir una Administración de Fincas en Madrid, al final no pudo ser y acabé decidiendo volver a Mataró, ciudad en la que había venido muy pocas veces de permiso. Yo diría que sólo una vez, tal vez dos. De todas formas gente que en aquel momento ni conocía, se acordaron de mi permiso en Mataró mucho tiempo después. Me acuerdo que pasados unos años, hablando con un grupo de chicas, me dijeron: “si sabemos quién eres“. Sorprendido porque no las relacionaba con nada les pregunté de que me conocían. “Tú eras el que se paseaba por la Riera vestido de militar“. Es curioso en lo que se fija la gente, y más curioso que sea sorprendente que un soldado vista de soldado, aunque esté de permiso.

Cuando volví me encontré el paisaje político muy cambiado. El 23-F había sido como un tsunami político, que se llevó por delante casi todo el movimiento político social que los de izquierda llaman de “extrema derecha” o “ultras”, y que nosotros llamábamos Derecha Nacional, Nacional Catolicismo, o Nacional Revolucionario, por los falangistas. Fruto del desencanto del fracaso de aquel intento de golpe, Fuerza Nueva se disolvió poco después y casi todos los grupos políticos desaparecieron. Pero hubo un pequeño grupo que continuó a través de ADES, que como asociación cultural heredó la gente procedente de FN, pero nada comparado con lo que había antes de aquella fecha. La idea general era que el futuro político iba a ser paralelo al resto de Europa, y que el debate seria entre grandes ideologías europeas. El descomunal triunfo del PSOE en el 1982 acabó con la inestabilidad política hasta el momento.

La Falange, en la que yo estaba integrado, también se acabó disolviendo. Quedaron algunos grupúsculos en Barcelona, aunque yo ya no participaba desde antes del servicio militar. La mayoría de la gente abandonó la vida política, excepto un buen amigo y dirigente local que pasó a dedicarse a la lucha sindical, en la que ha tenido un relativo éxito, siendo durante muchos años un liberado del sindicato, a la que ha dedicado casi toda su vida.

Durante esos años, aunque desvinculado de todos los partidos políticos, mi actividad política no cesó, pasé a trabajar y a colaborar con casas regionales y asociaciones culturales como el “Concejo Comunero en Barcelona” y la asociación cultural “La Cervantina”. Allí grupos de jóvenes, la mayoría sin experiencia previa en ningún grupo político, o algunos con algunas militancias en partidos de izquierda, se les ocurrió preparar un manifiesto en defensa del bilingüismo, y contra la inmersión lingüística, tema que lo vivían con especial interés dado que en su gran mayoría tenían vinculaciones con el mundo de la enseñanza y la cultura. De allí surgió el llamado “Manifiesto de los 2300”. A mí me cogió en el servicio militar su gestación y su trágico desenlace, pero tan sólo licenciarme me incorporé a aquellas asociaciones para intentar ayudar y ver lo que había pasado. La suerte que tuvimos fue que de los dos mil trescientos firmantes sólo se hizo público el nombre de diez de los primeros firmantes, entre los más famosos: el sociólogo Amando de Miguel o Jiménez Losantos. La represión que se creó fue inmensa. Jiménez Losantos sufrió un atentando terrorista por parte de “Terra Lliure”, y los demás sufrieron tal acoso en sus puestos de trabajo, principalmente en la Universidad, que en cuestión de un año ya no quedaba ninguno de los más conocidos en Cataluña.

Aquella gente honesta, principalmente si tenían alguna militancia previa era en la izquierda y en la oposición a la dictadura, pensaban que estaban en una democracia, con libertad de expresión. No conocían la catadura de sus ex correligionarios y tuvieron, con más dureza, la misma experiencia que había tenido yo cinco años antes. Aún con toda la represión continuamos trabajando, incluso se creó una especie de sucursal: un grupo de enseñantes de la zona de Tarragona, que fueron muy activos contra la inmersión. Nuestra lucha se concentró en acciones puntuales y en los procesos judiciales, y en ella se implicó, de forma muy especial, un abogado de Barcelona de enorme calidad humana e intelectual: Esteban Gómez Rovira, que llevó una lucha judicial portentosa ganándole multitud de procesos a la Generlitat. Pero la lucha de un pequeño número de enseñantes, junto con un abogado que con toda su valía, no era más que una lucha individual, no tuvo consecuencias, sobretodo porqué todos los grupos políticos nos daban la espalda, incluida Alianza Popular. Así que volví a centrarme en Mataró y dejé los movimientos capitalinos.

Otra vez la política de partidos volvía a atraerme. Algo estaba cambiando en Cataluña, y el PP, con la que yo no acababa de identificarme, tomó un nuevo rumbo gracias a su presidente Alejo Vidal Cuadras, el mejor político que ha estado en el Parlament de Catalunya en los últimos treinta años, y que peleó contra los problemas reales que sufríamos los catalanes causados por el “régimen pujolista”. Mi implicación fue muy light porque en Mataró estaba desde hacía tiempo trabajando Joan López, con un buen equipo de colaboradores, y además porqué me pilló en una época en la que quería aprovechar el tiempo para el esparcimiento puro y simple, cosa que no había hecho en otros momentos de mi vida. De aquella época me queda mi relación con un grupo que se reunían en un bar-galería de arte, de Premia de Mar, el Mogambo, y que estaba vinculado con el Foro Babel, grupo de personas más o menos vinculadas con el PSC. Yo conocía al titular de ese bar y le planteé la posibilidad de colaboración, yo tenía buena relación con el PP aunque no era militante. La respuesta fue absolutamente negativa. Ellos teorizaban que la estrategia pasaba por una alternativa de izquierdas que desalojara el pujolismo-nacionalismo del poder, como forma de alcanzar la reivindicaciones no nacionalistas, (Anda que tuvieron buen ojo…) Curiosamente aquel bar-galería se cerró y perdí cualquier contacto con aquella gente. No hará dos años me volví a encontrar a aquel promotor y anfitrión de aquel movimiento y me dijo que era coordinador comarcal de Ciudadanos.

Volviendo a aquellos años, aquel acercamiento se quedó truncado porque Joan López quería que me afiliara y yo no tenía mucha prisa en tomar esa decisión. Lo más triste es que cuando ya estaba convencido, Alejo Vidal Cuadras fue separado de la presidencia de PPC, decisión que me entristeció mucho. No obstante, Juan López, lo intentó. Y lo intentó también Alberto Fernández, pero cómo concibo la política cómo una lucha, si los fines no los tengo claros me quedo en casa. No me dejé convencer, aun así acabé diciéndole a Juan que contara conmigo para lo que necesitara, pero que mi implicación directa y mi militancia, la posponía sine die. Y así fue como pasé al fondo de la agenda del Partido, pero en la vida todo pasa y de aquel momento dulce del Partido Popular se pasó al ruido de cacerolas por las noches…y fui requerido para que colaborara como apoderado en no sé qué elecciones. Había vuelto desde el fondo de la agenda.

Aunque me convocaban a actos y para ayudar en las Elecciones, no tuve una especial implicación hasta que Juan López, se fue al Parlament y un nuevo Portavoz del Grupo Municipal, Paulí Mojedano, me llamó para que colaborase más activamente con él, ya que había un puesto en el “Consell de Seguimient del Pacte para la Nova Ciutadania”, y requería de mi experiencia para que representara al Grupo Municipal del PPC. Acepté porque era un tema en el que estaba muy involucrado desde hacía veinte años, cuando acepté tramitar un tema de extranjería para una mujer marroquí que entró un día, por casualidad, en el despacho dónde trabajaba. Así conocí la realidad de los inmigrantes: de las colas en Vía Layetana, en Plaza España, en Travesera de Gracia, en Marqués de Argentera…etc, y así establecí muchas relaciones con inmigrantes, y con organizaciones implicadas.

Creo que las personas que tenemos un compromiso político e ideológico no podemos evitar implicarnos en las situaciones que consideramos injustas. Por esta razón me impliqué con estos colectivos, y sobre todo porque siempre he defendido, aunque hasta el momento con poco éxito, que no es lógico que los grupos de extrema izquierda sean los defensores de este colectivo, cuando estos grupos son más o menos explícitamente marxistas o libertarios. El grupo mayoritario de inmigrantes que viven en Mataró es Musulmán, y además practicante. Es decir: los enemigos de Dios, los que luchan a favor del ateísmo, son los amigos de los musulmanes. A mí nunca me ha cuadrado. Como tampoco entiendo que el Partido Socialista, que en estos aspectos está a mi entender próximo al ideario de la masonería, los que quieren borrar todas las iglesias y todas las religiones, sea el gran depositario del voto inmigrante, de los practicantes del Islam. Para mi esta realidad que se da por supuesta es profundamente contradictoria. Lo más lógico es que desde un planteamiento social-cristiano, sea desde donde más cerca se puede estar para comprender y entenderse con estos nuevos colectivos que se han integrado en nuestra sociedad. Por esta razón presté mi apoyo moral, para que proyectos como el de una asociación de mujeres islámicas se hubiera concretado, ya que las mujeres están muy implicadas en problemáticas de enseñanza, salud, y vecindad, y sería muy beneficioso que se organizaran y defendiesen sus planteamientos. Pero hasta la fecha no se ha concretado. Desde hace más de diez años monté un despacho profesional propio y mi relación con ellos continúa, aunque de distinta manera, ya que mi despacho sólo está dirigido a empresarios y autónomos, no se tramitan asuntos partículares. Esto lo quiero decir alto y claro porque por ahí van extendiendo el libelo de que he utilizado información des del Ayuntamiento para captar clientes para mi despacho…y a día de hoy, los “sin papeles” todavía no son ni empresarios ni autónomos.

A lo que íbamos: Paulí Mojedano siguió confiando en mí y en mi manera de trabajar y esta legislatura le acompaño como Concejal en el Ayuntamiento de Mataró.

Y así llegamos a la actualidad, treinta años luchando, treinta años de compromiso político y social, con los valores del humanismo cristiano, con mi cultura española, y por el progreso social y económico de todos.
Hay una frase que resume mi ideario. Muy bella y de la que prefiero obviar su fuente para no estigmatizarla con prejuicios estúpidos: “El futuro o es de todos o no será de nadie".

1 comentarios:

  1. Visita la siguiente web:

    http://www.patriasindicalista.es

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